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sábado, 14 de mayo de 2016

Una llamada a la cordura

Vaya por delante que me gusta disfrutar de algunas películas tanto de DC Cómics como de Marvel, especialmente aquellas en las que sale Iron Man, pero que los superhéroes se pasan cuatro pueblos destruyendo cosas en aras de hacer el bien, creo que es algo bastante obvio y que todo el mundo ha podido apreciar de un modo objetivo. Al mismo tiempo es algo que a estas alturas se asume como parte del espectáculo. Aunque la verdad es que si se racionaliza un poco la situación, tanta destrucción gratuita resulta a la postre frívola y banal, cuya única razón de ser es la de desplegar cada vez más efectos digitales para realizar la demolición más aparatosa.

Sin embargo todo este destrozo en el que a priori no parece que se produzcan víctimas acaba resultando inverosímil. Alguien tiene que salir perjudicado. En ese sentido la nueva entrega del universo Marvel, Capitán América: Civil War, supone una llamada a la cordura, a realmente plantear el hecho de que ir por ahí haciendo estallar cosas a diestro y siniestro mola mucho pero no es un juego inocente, sino que conlleva sus riesgos, y que efectivamente cuando se revientan edificios enteros hay gente que muere, y ahí el espectáculo se torna en tragedia.

Civil War
se presenta como la tercera parte de la saga Capitán América, pero bien podría ser también la tercera de Los Vengadores, pues salen bastantes de ellos y toma como punto de partida argumental tanto el desenlace de El soldado de invierno como el de La era de Ultrón. Los gobiernos están preocupados por los ingentes destrozos, y especialmente por las víctimas colaterales que se producen en las sucesivas incursiones de los Vengadores a nivel internacional, por lo que la ONU decide tener un control sobre las actividades del grupo de superhéroes. No todos aceptan de igual manera esta decisión, cada uno tiene una opinión al respecto. Esto hace que entre ellos se abra un abismo de incomprensión avivado por un maquiavélico plan de alguien que quiere verlos enfrentados unos contra otros. En esta división de opiniones se forman dos bandos: el de aquellos que no quieren acatar ese control, liderados por el Capitán América, y los que admiten que la ONU tome partido, al menos hasta que los ánimos se calmen un poco, encabezado por Iron Man.

Robert Downey Jr como Tony Stark / Iron Man sigue siendo la estrella de la función, aunque esta vez le toca hacer un registro más serio y dramático, pero aun así conserva su habitual carisma, además de protagonizar también los momentos más frescos y lúdicos del film por su relación con Spiderman al que recluta para unirse al grupo. Este Spiderman lo interpreta Tom Holland y a su tía May la encarna Marisa Tomei, ambos presentados en esta película como preámbulo de la nueva entrega sobre el famoso "trepamuros" que está prevista para estrenarse en verano de 2017.

Sorprende ver en una producción como esta al germano-español Daniel Brühl, en rol de villano. Brühl, de padre alemán y madre española, está demostrando en los últimos años una gran versatilidad en producciones de cualquier nacionalidad así como en diferentes géneros. Ha hecho mucho cine en Alemania, donde destaca especialmente Good bye Lenin, pero también ha pululado por el cine español con The Pelayos o EVA, así como por el cine británico con La dama de oro. Y por supuesto ha estado en Hollywood varias veces con títulos como Rush o Malditos bastardos. Ahora además pasa a formar parte del universo Marvel.

Dirigen los hermanos Anthony y Joe Russo, que ya se habían encargado de la anterior entrega Capitán América: El soldado de invierno. Si bien en este tipo de películas la fórmula está ya muy elaborada como para ver rasgos de autoría en los directores, se agradece la claridad con la que se ven las coreografías en las secuencias de acción. Se han visto tantas películas de acción aparatosa con planos excesivamente movidos en los que no se ve nada, que cuando alguien hace estas acrobacias permitiendo ver bien lo que está pasando es de agradecer.

La música épica y rimbombante corre a cargo a de Henry Jackman, que al igual que los directores ya había participado en la anterior secuela. Otras partituras interesantes firmadas por este compositor son las de X-Men: Primera generación, Kingsman, Rompe Ralph, o El gato con botas, por citar algunos ejemplos.

En definitiva estamos ante 148 minutos de metraje plagado de acción, reflexión, drama, humor y mucho espectáculo. Lo que aporta de novedoso a la cada vez más prolífica filmografía de Marvel es esa parte de reflexión sobre las consecuencias de los métodos expeditivos, aunque se empleen con buena intención.

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